
Texto: Concha Minguela/Carlos Fuentes
Fotos: Manuel Vadillo/Gente
Nacida en Málaga, llegó a Madrid muy joven. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, formó parte de las Juventudes Socialistas. Es la cara más simpática del socialismo español. Amiga personal de Zapatero,el presidente del Gobierno creó para ella el mejor regalo para una persona que ama profundamene América Latina, la Secretaría de Estado para Iberoamérica. Con ella, se ha querido reforzar los lazos políticos, institucionales, económicos y culturales con aquellas regiones con las que España tenía una vinculación más fuerte, como es el caso de la Unión Europea, el Mediterráneo y América Latina. “Y también abrir relaciones más intensas con Asia e India. Y después hay otra línea de política exterior que tiene que ver con valores y principios de conceptos globales”, añade Trinidad Jimenez.
¿Se ha incrementado la Cooperación al Desarrollo en la legislatura socialista?
Se ha hecho una apuesta muy fuerte en cooperación al desarrollo. España está destinando ahora, entre ayuda lateral y multilateral, 7.500 millones de dólares, un 0,5% del PIB. Es lo que nos ha permitido acercarnos a África abriendo un gran número de embajadas y consulados que nos ha ayudado a reforzar las relaciones con muchos países africanos, y también a cooperar con ellos. También se trabaja mucho en iniciativas contra el hambre y la pobreza, que es uno de los objetivos del milenio, así como el campo importante de la Alianza de Civilizaciones, la iniciativa respaldada y asumida por Naciones Unidas que busca el entendimiento, el respeto y el reconocimiento entre las diferentes culturas, religiones, etnias… Siempre desde una posición multilateral, con un multilateralismo eficaz porque ya ningún país puede tomar decisiones aisladas en un mundo globalizado.
El camino arrancó con la decisión de retirar las tropas de Irak. ¿Mereció la pena?
Sí. Es una decisión de la que nunca nos hemos arrepentido. Primero, porque fue una promesa electoral y, además, tenía una base ciudadana y social muy fuerte. A veces hay decisiones que un Gobierno las toma porque lo ha ofrecido en su programa electoral, como una decisión propia de su partido, pero la retirada de las tropas de Irak estaba avalada por la enorme mayoría de la ciudadanía española que se manifestó en las calles. Nunca nos hemos arrepentido, sobre todo después de que supimos de una manera certera que la guerra de Irak fue una excusa. Nunca se pudo demostrar que había armas de destrucción masiva. Era el argumento, la justificación que presentaron Bush, Aznar, Blair y Barroso: hay armas de destrucción masiva, por lo que hay que invadir Irak para evitar un periodo peor. Ahora la historia nos ha dado la razón: no había armas de destrucción masiva y ahora Irak es un país mucho más inestable, con una mayor incertidumbre y ha generado aquello que se pretendía combatir. Ha generado mucho más terrorismo, fraccionamiento y odio entre las distintas etnias y posiciones.
¿Se han logrado restañar las heridas que causó la decisión del Gobierno?
Ha sido más la escenificación del disgusto que el tema de fondo. La realidad es que las relaciones con Estados Unidos han sido muy cordiales e intensas. Y muy densas en defensa, antiterrorismo, cultura, economía… ha habido mayor inversión estadounidense en España que en los cuatro años anteriores. Y las empresas españolas ganan allí licitaciones públicas. Ahora tenemos un nivel de intercambio extraordinario. Es cierto que EE UU expresó su malestar por la decisión de Zapatero, pero había otros aliados, como Reino Unido o Italia, con los que hablamos antes de tomar la decisión, también con EE UU, para advertir de que se iba a tomar esa decisión en el ejercicio de nuestra soberanía y en función del interés nacional. Podrían compartirla o no, pero la respetaron. Porque un país amigo, aliado, es aquel que es capaz de decirte incluso aquello que no quieres oír.
Con la retirada de Irak arrancó también la oposición frontal del PP a la política exterior del Gobierno.
El PP ha sido profundamente desleal con el Gobierno en dos campos que son esenciales: política exterior y política antiterrorista. En política exterior he visto al ex presidente Aznar acudir a distintos países, reunirse con distintos presidentes, y criticar al Gobierno del presidente Zapatero. Criticar e intentar debilitar la posición de España. Nunca jamás lo había hecho antes desde la oposición, desde luego nunca lo hizo Zapatero. El Partido Popular estaba convencido de que la victoria de Zapatero era ilegítima, provisional, que estaba en precario. Apostaron a que su Gobierno no iba a durar, pero cuatro años más tarde, aquí estamos. Y durante todo este tiempo han hecho una oposición difícil.
¿Tiene tanto poder Aznar para hacer daño realmente en política exterior?
No, realmente no ha afectado. España tiene una imagen extraordinaria, es la octava potencia económica del mundo y tenemos una capacidad de interlocución e influencia en todas las áreas del mundo. Tenemos una presencia de mucho prestigio, pero lo que llama la atención a muchos presidentes es ver a Aznar dando vueltas por ahí criticando a España.
¿Qué pensó la comunidad internacional de la manera con la que el PP gestionó la información de los atentados del 11 de marzo en Madrid?
De esos días tengo un recuerdo muy vívido porque estaba en el Ayuntamiento de Madrid y me tocó acompañar al Alcalde en la visita a los lugares de los atentados, a los heridos y asistir a los funerales. Por otro lado, veíamos cómo el Gobierno, aunque llegaba información desde el exterior, de agencias internacionales de policía, acerca de que todo indicaba que podría ser un ataque terrorista de origen islámico vinculado a Al Qaeda, nos llamaba la atención que Aznar ni siquiera lo contemplara. Sólo bastantes horas después de estar empeñados en que era ETA reconocieron que estaban trabajando sobre otras hipótesis, pero la ministra Ana Palacio instruyó a los embajadores para que insistieran en que era un atentado de ETA. A nivel bilateral tenía trascendencia, pero a nivel multilateral, en el seno de la ONU, generó problemas porque la ONU nunca ha condenado a ningún grupo hasta que no hubiera reivindicado el atentado. Y la ONU se resistía. Pero fue tanta la insistencia española que recogieron la condena a ETA. Y cuando al día siguiente todo empezó a desmontarse, el grado de enfado fue grande. Si el Gobierno de Aznar por algún tiempo gozó de cierto aprecio y prestigio, al igual que ocurrió en España, ese prestigio cayó a nivel internacional porque quedó en evidencia que no supo gestionar una crisis de gravedad y envergadura. Tuvo la tentación de desviar la atención y jugar con la autoría de los atentados pensando en el resultado electoral. Y no fue el atentado el que les hizo perder las elecciones, sino el intento de engañar a los ciudadanos.
¿Y empezó ahí la necesidad de crispación del ala más dura del PP?
Lo intentaron durante mucho tiempo, porque para ellos era una victoria ilegítima. Estos han llegado aquí porque hubo una matanza, pero no. El PSOE ganó las elecciones porque en un día los ciudadanos dejaron de tener confianza en ese Gobierno. Tenían que justificar su actitud, pero en política es mucho mejor reconocer que uno se ha equivocado. Y creo que el PP no volverá a ganar las elecciones hasta que no haga una reflexión sobre cuáles han sido sus errores y, sobre todo, aunque pueda sonar injusto, cuando se vayan las personas que tuvieron un protagonismo en esas fechas.
¿Qué papel juega América Latina para España? ¿Y España en América?
Si cada uno de los ciudadanos españoles y latinoamericanos fueran conscientes de la intensidad y de la necesidad de relaciones que existen a todos los niveles (económico, político, científico, cultural…) sería impresionante. Ahora tengo contacto con 150 organizaciones que llevan el adjetivo iberoamericano, pero hay muchísimas más. Es impresionante y siempre he sido consciente de que la relación que hay entre España y los países de Iberoamérica va más allá de la actividad pública, institucional. Es una relación natural que existe a ambos lados del Atlántico porque parte de nuestro ser como país, de nuestro alma, esté en América Latina. España es, para muchos todavía la madre patria.
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