Estos días, Móstoles y toda la Comunidad de
Madrid celebran el Bicentenario del 2 de
Mayo de 1808, fecha del levantamiento de
los madrileños y mostoleños para hacer frente a
los franceses, dando lugar a la Guerra de la Independencia.
Aquel año se significó históricamente
por la resistencia heróica de los madrileños que
dificultaron lo que se prometía un paseo triunfal
de las tropas napoleónicas.
Dos siglos más tarde,
toda la Comunidad se engalana con actos y representaciones
culturales, tanto del Motín de Aranjuez,
como de los Fusilamientos, o la Carga de los
Mamelucos. La Familia Real se desplaza a Móstoles,
donde, junto al alcalde Esteban Parro, rememoran
la fecha. La presidenta de la Comunidad,
Esperanza Aguirre, recibe en su sede del Palacio
de Correos a cientos de personas entre los más
destacados políticos, artistas, empresarios, periodistas
y profesionales notables de la sociedad madrileña.
El alcalde, Ruiz-Gallardón, además de
acudir a la recepción, preside actos culturales relacionados
con el 2 de Mayo. Dos siglos más tarde,
es de nuevo Madrid quién vuelve a tocar la
corneta de la Resistencia. Esta vez, desde la capital
de España sale el motín contra la inercia política.
Los levantamientos de los compromisarios
del Partido Popular de Chamberí y Barrio de Salamanca,
así como las manifestaciones de los
principales dirigentes populares madrileños,
vuelven a situar a la capital en el punto de mira.
Madrid resiste. Resiste una forma arcaica de convocar
el próximo Congreso del Partido Popular
de Valencia en junio.
El presidente del PP, Mariano
Rajoy, hace oídos sordos a las voces que, poco
a poco, se rebelan y exigen que los 3.025 compromisarios
que acudirán al Congreso tengan garantizado
el voto secreto. Mientras Esperanza
Aguirre pide que el candidato a las elecciones del
2012 salga de una designación democrática, con
debate ideológico, revisión y modernización de
las ideas, Gallardón permanece callado, aparentemente
fiel al actual líder Mariano Rajoy. Acaso sabiendo
que Rajoy cada día está más descartado
para llevar al patido al poder en 2012. Si todo sale
según parece, el aparato del PP tendrá que elegir
entre Gallardón o Aguirre, las dos locomotoras
de atracción de votos. Si bien, hay una tercera
alternativa, Francisco Camps, el llamado virrey
valenciano, de exquisitos modales y que, enfrentado
al ex portavoz Zaplana, ha irrumpido en la
política nacional casi sin hacer ruido, pero con
fuerte tirón. Aunque tiene el hándicap de sólo ser
conocido en su tierra.
Una encuesta reciente entre
los votantes del PP, da una preferencia casi
por igual entre Rajoy (25,8 por ciento) y Gallardón
(25,5). Situando a casi siete puntos por debajo
a Aguirre que, aunque no se presenta, va ganando
apoyos desde Madrid.
>Ver su archivo de artículos de opinión
|