
Texto: C. Trujillo
Foto: Olmo González/ Gente
El ruido sordo del tren rompe
la quietud fantasmagórica.
Chamberí, con sus cerámicas
en blanco y cobalto, con sus
tornos, que a algunos harán rememorar
tiempos de antaño, ha
vuelto a abrir sus puertas tras
40 años.
El tren seguirá sin descargar
viajeros, pues esta antiquísima
estación, que abrió en
1919 y cerró en 1966, se ha
convertido en museo; centro de
interpretación de aquella realidad
que fue y que, aunque metamorfoseada,
es.
Para acceder a ‘Anden 0’ -así
es como se llama ahora la estación
silenciada- no hay más que
dejarse deslizar por las escaleras
de caracol ubicadas frente a
la Plaza de Chamberí; acceso
postmoderno que nos adentra
en los primeros pasos del Metro.
En definitiva, una máquina
del tiempo que hace que en
tres segundos pasemos del siglo
XXI al primer tercio del XX
y que nos va narrando pequeñas
historias de transporte, de
viajeros, de vidas... La publicidad
de cerámica que se expande
a lo largo del curvo anden
muestra cuáles comenzaban a
ser las necesidades comerciales
de la época: el mejor reloj Longines,
caldo en cubitos... Otra
curiosidad que muchos aún recordarán
son las tarifas hoy irrisorias
de los billetes de acceso
a uno de los catorce suburbanos
que existían en el mundo.
Quien quiera revisitarlas no tiene
más que darse un garbeo
por la entrada para refrescar la
memoria.
La visita, apta para nostálgicos
y ávidos de historia de la
ciudad, no deja indiferente. Las
indicaciones que jalonan el camino,
tampoco: Cuatro Caminos
Tetuán, reza una línea que,
en realidad conduce a un único
sitio: un anden fantasmagórico.
El ruido sordo del tren vuelve a
sonar. Pero aquí no hay parada.
|