
Texto: Tamara Morillo
Si un gran número de procesiones
del territorio nacional se ha
visto amenazado por las lluvias,
esta Semana Santa, y rompiendo
con la tradición que desde
hace dos años venía dándose
en la localidad, Móstoles ha paseado
sus tronos según el programa
previsto. La creciente
afluencia de público y el respeto
y devoción hacia las imágenes
pueden definir estos días,
en los que las muestras de fe
han vencido, sin duda, la batalla
al frío. Desde el comienzo
de ésta, con el Domingo de Ramos
protagonizado por la procesión
de La Borriquilla se percibió
el aumento de público
con respecto a otros años y, por
tanto, el protagonismo que está
alcanzando la Semana Santa
mostoleña.
Tonos de Saeta
Como viene siendo habitual, el
Jueves Santo es el gran protagonista
en estas fechas, ya que
hacen su aparición El Nazareno
y La Soledad, dos de las imágenes
más queridas por los vecinos.
Esto se hizo notorio cuando,
tras devolver de nuevo estos
pasos en su iglesia, se alcanzó
un recuento de cuatro
saetas regaladas, en la fría noche,
por los presentes en un recorrido
de aproximadamente,
tres horas.
El Viernes Santo confirmó la
importancia de estos días y la
devoción de los vecinos que
acompañaron a La Piedad,
abrazada por los alumnos de la
academia de la Policía Nacional
de Ávila, al Cristo Negro escoltado
por un piquete del Regimiento
de Infantería Inmemorial
del Rey, El Sepulcro, y el
baile de palio de La Soledad,
posible por la gran puesta en
escena que las bandas realizaron
en el acto. Todas las procesiones
han acompañado los tronos
demostrando su habilidad
e ingenio, hecho que se repitió
el Domingo de Resurrección,
cuyo broche de oro lo puso El
Encuentro.
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