
Texto: Alicia Bravo
A las diez de la mañana daba
inicio uno de los plenos que se
recordarán en el municipio por
su especial tensión. Vecinos
malhumorados llenaban el salón
plenario a la espera de que
llegase el alcalde y su corporación.
El PP sabía que no iba a
ser una jornada fácil, tras la
asamblea vecinal que tuvo lugar
días antes en ese mismo escenario.
La subida que han experimentado
los recibos de la
contribución, que este año
coincide con la revisión catastral,
ha generado gran malestar
entre los ciudadanos que, en
numerosos casos, van a pagar
el doble que el año pasado a
pesar de que el tipo acordado
por el equipo de Gobierno no
es de los más altos de la zona.
Mercedes Pedreira, de Centristas
por Majadahonda fue
muy explícita durante sus intervenciones
al asegurar que “el
Ayuntamiento se ha subido al
carrito del catastro para llenar
el cestito”, y Loles Dolz, de IU,
le pidó a De Foxá su compromiso
“de bajar el tipo” para que
el impacto de la revisión catastral
fuera menor.
El alcalde, que
en numerosas ocasiones tuvo
que poner orden en el Pleno
ante los continuos aplausos e
interrupciones de los vecinos,
sí se comprometió “a bajar los
impuestos si los ingresos son
suficientes” para costear las
nuevas infraestructuras de Majadahonda.
De Foxá confesó
que lo había hecho porque “necesitaba
cinco millones de euros
para pagar la cantidad de
servicios que necesita el municipio”.
La indignación de los vecinos
iba en aumento con todo
lo que decían los políticos. Desalojados
por la Policía, fueron
recibidos al día siguiente por el
alcalde en su despacho para
aclararles y explicarles, entre
otras cosas, lo dicho en el Pleno:
“la presión fiscal es adecuada.
Hay que ser conscientes de
lo que vale esta ciudad y hay
que estar preparados”.
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