Alberto Ruiz-Gallardón tuvo que soportar durante un tiempo la campaña de acoso y derribo de los antiparquímetros. No había inauguración o sarao al que asistiera 'Ruiz-Vampirón', como le llamaban ellos, donde no hicieran acto de presencia los persistentes vecinos de Fuencarral y Carabanchel con sus pancartas alusivas y sus pitidos.
Archivado en: Opinión, Madrid Subterráneo
gentedigital.es
08/10/2008 - 17:32
Como por las bravas no lograban rendir al Alcalde, pasaron a la vía legal y ganaron el primer asalto. Nada grave para el Alcalde, que respiró tranquilo y pudo cortar cintas sin sentir el aliento de aquellos aguerridos vecinos.
O eso creía. Ahora son los periodistas quienes le acosan con una pregunta ¿Va a liderar el PP en las elecciones europeas? Nada complicado para el avezado político que es Ruiz-Gallardón. Su gran problema es el acoso de su jefe, Mariano Rajoy, que no pierde ocasión de hacerle la misma pregunta y exigirle inmediata respuesta, empeñado en subir al alcalde olímpico al cajón más alto del podio europeo. Gallardón da largas y medita, fiel al lema de los campeones: 'Altius, citius, fortius', o sea 'Más alto, más lejos, más fuerte.
Pero si Gallardón soportó con estoicismo el derecho a la libertad de expresión de los antiparquímetros, no hace lo mismo Esperanza Aguirre. La Presidenta y su consejero Juan José Güemes -lo de este chico tiene mérito- han cogido el relevo del Alcalde y son ellos los que sufren ahora las iras del pueblo.
Sindicatos, docentes y personal sanitario, visto el éxito de los antiparquímetros, no les dan respiro, hasta tal punto que la Presidenta y el consejero salen a un abucheo diario, algo que Aguirre ya no tolera. Pero lo que en verdad encona a la lideresa es el significativo silencio -esos silencios que los malos escritores dicen que se corta con un cuchillo- de la dirección nacional de su partido.
Ni Esteban González Pons ni la otrora fiel Dolores de Cospedal han cogido la pala y el pico para defenderla. La batalla está servida.
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