Los negros de Tirso de Molina estaban ayer eufóricos. Desde la castiza plaza madrileña hasta La Casa Encendida, bajando por Amparo y Mesón de Paredes, todo era África Live.
Archivado en: Opinión, Concha Minguela
gentedigital.es/Concha Minguela
05/11/2008 - 17:13
África, continente sufrido por descubrir, que en la última década nos envía una avanzadilla a través de cayucos cargados con seres humanos, abocados a entregar su vida al mar antes de conseguir el sueño de convivir pacíficamente en nuestro continente. Yes we could. Pudimos y lo logramos.
Han conseguido un hito histórico, colocar, no ya a un distinguido y bien educado hombre mestizo al frente de la primera potencia mundial, sino situar a toda una familia entera, negra, africana, en la Casa Blanca. No es la ideología de Barack Obama lo que ha dado un soplo de aire fresco a la aldea global en este tiempo convulso.
Aquí en Europa, y particularmente en España, sabemos que Obama no es precisamente un comunista, como le acusan los oponentes en su país, ni siquiera se asemeja ideológicamente a un socialista de izquierdas, pero eran las lágrimas del reverendo Jesse Jackson las que describían toda la significación del evento: "Un negro en la Casa Blanca".
Hace poco más de setenta años, a los negros no les dejaban subir a los autobuses para los blancos y era un acto criminal el matrimonio mixto. Pues bien, el producto de una de esas uniones penalizadas, estará gobernando el país más poderoso (no se sabe por cuanto tiempo) del planeta. Éste es el auténtico cambio.
Ahora, cuando los madrileños paseemos por chiringuitos y restaurantes de las calles Jesús y María, Lavapiés, Argumosa o Miguel Servet, frente al espectáculo muy asumido de los turistas en las terrazas de consumo, y los corrillos de negros sentados enfrente, en los umbrales de las puertas, las aceras o los bancos, con una mano delante y otra detrás, inofensivos y buscándose la vida, todos pensaremos que uno de los suyos estará sentado en el famoso Despacho Oval tomando las riendas de las grandes decisiones políticas que afectan también a nuestro país.
Obama estudió con sacrificos y becas. Obama no tuvo dinero en su día para pagarse una hipoteca. Pero su sueño sí fue posible. El ochenta por ciento de los afroamericanos, de hispanos y jóvenes norteamericanos han votado por él. Y la América profunda no ha podido frenar el fenómeno.
El reverendo Jesse Jackson, que luchó con Martin Luther King por los derechos de los negros en los años setenta y los ochenta, lo ha definido bien: "Obama es el final de una maratón que duró décadas", y no sólo un descendiente de esclavos puede hoy sentarse en la mesa con los ilustres hijos blancos; es que además, se sienta en las más altas instancias del Congreso de Estados Unidos.
La representación diplomática española y norteamericana estaba de enhorabuena celebrando el resultado en la Casa de América; ministros españoles y embajadores no han podido resistirse al impresionante avance y el cambio de ciclo que significan estas elecciones.
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